La rutina es algo común para la mayoría de los seres humanos, tenemos horarios de materias, trabajo, para comer, para "recrearnos" y así pasamos la mayor parte de nuestro tiempo, dejando a un lado lo espontáneo, impredecible porque simplemente no se ajusta a la rutina que hemos planeado para cada día.
Esta mañana como casi todas, al despertar, apagué la alarma de mi celular, tomé mis cosas de aseo para darme la "obligada ducha", regresé al cuarto y me quedé mirando fijamente la mujer que estaba reflejada en el espejo. ¿Quién era? Por supuesto yo, con el cabello castaño, los kilos menos antes de la primera comida del día, las ojeras producto de las largas horas de clases. Me sentí algo atontada, aún no lograba asimilar que eran las 5:14 am y que en 20 minutos debía estar lista para ir a la universidad. Sin embargo, seguía mirando la mujer del espejo, era yo, pero se veía diferente a como yo me imaginaba, llena de energía, ánimos "hasta por las nubes", una sonrisa que opaca el brillo del sol, así imaginé que me veía, pero otra era la realidad.
Una vez terminé de arreglarme, tomé el bolso con mis cosas y salí, dispuesta a cambiar la idea de la mujer en el espejo, me detuve en mi mente a tener una charla profunda conmigo. Comencé por preguntarme, qué tenía, algo relacionado con la universidad, los horarios de clases, el tener que ir sin desayunar, pero la situación era otra, iba mucho más allá de lo obvio, lo diario o rutinario. Descubrí después de esa conversación que necesitaba un respiro de la monotonía, quería encontrar a la mujer que yo esperaba ver en ese espejo, decirle que volviera conmigo, me sacara de mi zona de confort un par de veces al día, o a la semana, deseaba encontrar aquella mujer que tomaba una ruta diferente cada día aún cuando el sitio al que debía llegar era el mismo, necesitaba estar con la fémina que le encantaba ir de comprar después de haber sacado un glorioso 5,0 y se premiaba con un waffle de queso holandés.
Cuando llegué al salón de clases, sentí que debía encontrar esa espontaneidad en medio de la rutina, volver impredecibles algunas cosas, aún cuando todo pareciera monótono, parecerá poco significativo para algunos de los lectores, pero al salir de clases, corrí hasta la primera tiendita de batidos y compré uno gigante, la dispersión de sabores en mi boca cambió por completo mi cara y una charla casual con amigos que no veía hace semanas, cambió 'la rutina' de mi día.


