A los diez años, las princesas pensamos básicamente en tres cosas, queremos ser cinco años mayores para tener nuestra fiesta de quinces, deseamos saber ¿cómo funciona eso que llaman periodo menstrual? Y nos intriga pensar qué le vemos a nuestro amigo de clases, vecinito del barrio, amigo de nuestros primos un poco lindo a pesar que siempre lo hemos considerado horrible, patán, mal hablado y hasta sucio por pasar miles de horas jugando fútbol. Algo similar a lo que describo le sucedió a Ella, una dulce niña de 10 años (casi 11 años, como ella aclaraba justo al día siguiente de su cumpleaños) la diferencia estaba en los factores que regían su época. Era 1960, la era de la revolución por la conquista del espacio, los comienzos hippies, se comercializan en Estados Unidos las primeras píldoras anticonceptivas, y los papás eran “más cansones” que de costumbre, bueno en realidad eran menos flexibles con esto de los noviazgos a temprana edad, el sexo y la virginidad de las jovencitas eran tabúes que debían mantenerse en secreto hasta que estuvieran en “derecho a merecer”, frases que hoy por hoy no entiendo. Pero siguiendo con el caso de nuestra querida Ella, para ella sin duda alguna fue difícil notar ciertas emociones por ese y otros chicos que comenzó a ver más lindo, no tenía Facebook como la mayoría de niños de esta década, mucho menos Instagram para ver todas sus fotos, ni siquiera por Snapchat podía ver dónde estaba jugando o atormentarse porque la dejó en “palomita azul” en WhatsApp, a Ella le preocupaban las mismas cosas que a mis amigas y a mí nos preocuparon a esa edad, pero ella tuvo la desventaja o fortuna de vivir en un mundo alejado de las redes sociales, su primera ilusión y su primer amor fueron reales con un toque de mágica inocencia, esa que le aportó el miedo de no saber nada de él, no tener las llamadas “referencias del personaje” y quizás él ni siquiera sabía que existía, sólo hasta esa vez que tuvieron que cruzarse las miradas unos años después y él también comenzó a notar que Ella estaba más linda de lo normal.
Cierto día de invierno, Ella escuchó hablar a su hermana mayor acerca de su primer beso, es así como lo cuentan en los libros de cuentos de hadas estilo Peter Pan de donde recordamos a la avispada Wendy, la misma niña que estaba tragada de Peter, quería que le diera su primer beso y lo engañó con el cuento del dedal, o a ella la engañaron, como siempre nos pasa, en fin, resulta, pasa y acontece que la dulce Ella sintió curiosidad al escuchar el chisme del siglo que le contaba su hermana mayor a su bestie, (dícese de la mejor amiga, en 1962, supongo que se dirían algo como amiga o mejor amiga, actualmente se conoce con éste término y otros como befa, bf o bff) era increíble penar en eso del primer beso, en esas épocas no sé si importaba o no que el tipo estuviera bueno, el sólo hecho de haberse besado con el que le movía el piso era el acontecimiento del año, del siglo, más importante que cualquier campaña para llegar al espacio o una de esas cosas raras que comenzaban a surgir en la política, el cuento de nuestra historia, dejó boquiabierta a Ella, la pelada no tenía internet para buscar en Google ¿cómo dar mi primer beso? y quedar afectada con los resultados de búsqueda porque los primeros en aparecer serían las extrañas preguntas que realizan cientos de usuarios en Yahoo, quizás hasta le saldría un anuncio en Mercado libre para comprar el primer beso, o un manual en PDF de los pasos para dar el primer beso, o simplemente colocaba un tweet pidiendo un candidato para eso del “primer beso” y le hacían RT 20 y lo marcaban como favorito 40, le llegaban MD o nuevos seguidores. El problema aquí es que Ella no tenía ninguna de esas herramientas, y tenía pocas opciones para averiguar sobre el tema, la que más recomendarían las mamás y los psicólogos, era preguntarle precisamente a su mamá o a su profesora más dulce, preguntarle a la hermana no era una buena opción, la hubiese tratado de chismosa por escuchar conversaciones ajenas, se hubiera desatado la tercera guerra mundial en unos pocos minutos, y la última y no tan viable opción era preguntarle a su papá, pero ésta última no contaba y tampoco cuenta en nuestros días. La pregunta del millón es ¿qué hizo Ella? Pues, como ella no era tan bobita como pintan a las mujeres de esa época, hizo algo que resultó más o menos inteligente teniendo en cuenta los pocos elementos que tenía a la mano fue a preguntarle a su mejor amigo, el de gafitas, fiel al estudio, el que era caballeroso y el ejemplo del resto de niños, y ya sabrán ustedes por qué fue más o menos inteligente, sí, le preguntó al que no era, ese mejor amigo de Ella, llamado Nicolás no tenía ni idea de qué era un beso, no es como el mejor amigo que tuvimos en el colegio, ese que ya sabía sobre las películas triple X, se iba al “Cyber café” a ver porno y otras cosas, además discutía con los otros niños del salón sobre las partes más sobresalientes de las mujeres. Nicolás era un niño muy bobito, así que poco o nada pudo ayudar a nuestra querida Ella...
Continuará
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